85 `hasta luego` convertidos en `hasta siempre`....
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- 18/07/2009 a las 02:25 (1298 Visitas)
El 18 de julio de 1994, a las 9.53 horas, se quebraron 85 vidas y otras tantas familias. La bomba de la AMIA se llevó por delante historias de vida, proyectos de futuro, sueños, trayectorias vitales en común, hijos/as, nietos/as, padres, madres abuelos/as, y la inocencia de centenares de personas.
La explosión que derrumbó el edificio situado en la calle Pasteur de la Capital Federal de la República Argentina descubrió hermosas historias de solidaridad, de compromiso, de entrega, de solidaridad, pero con el tiempo destapó las miserias de la corrupción, de la impunidad, del encubrimiento del estado, de la incapacidad del Poder Judicial argentino para poder ofrecer a las familias de las víctimas inocentes el descanso de la Justicia. Ni siquiera para resarcir a esas mismas familias ha sido capaz de dar un paso la máxima autoridad civil de ese país sudamericano.
El ataque a la AMIA separó familias, pero también unió otras; distanció amigos, pero también los acercó, enfrentó a personas, pero también las reconcilió....Sacó lo mejor, y lo peor de todos y cada uno de los seres humanos que se vieron afectados de una manera u otra por la tragedia.
Cada día, tras ese 18 de julio, muchas de esas personas que se vieron obligadas a afrontar el resto de sus días arrastrando la pérdida como una pesada mochila sobre sus espaldas, enfrentaron la realidad tal y como mejor pudieron, con la ayuda de terapeutas, de la medicación, del autoabastecimiento, del trabajo, de la lucha por la Justicia y el mantenimiento de la memoria, del homenaje diario y contínuo al ser querido desaparecido. Aún hoy la siguen enfrentando, cada uno a su manera (yo mismo lo vivo cada día al lado de mi compañera) y así con más fuerza aún seguirá mientras no haya Justicia, ese principio universal, ese derecho fundamental básico en cualquier democracia que se precie de serlo. La Justicia no traerá olvido, pero sí alivio.
Pero es obligación también de la sociedad civilizada el apoyo, cuanto menos, moral para con estas personas. Ese apoyo moral se traduce en el respeto, que no en el seguidismo incondicional, en la ayuda, que no en el servilismo inmisericorde, en la escucha, que no en el asentimiento irracional. Comprender y aprender de ellos/as son las mejores vías para hacerles sentir que la pérdida y las lágrimas no fueron en vano, y que a pesar de tanta brutalidad y tanta pena, un mundo mejor siempre es posible.
Memoria y Justicia, simplemente.....
Con toda la humildad y el respeto del mundo, este breve texto está dedicado, principalmente a mi mujer, por mostrarme que el rencor no es el camino, y que por muy pesadas que sean las mochilas del pasado se puede mirar hacia delante. A Florencia Arbiser, en agradecimiento por habernos hecho protagonistas a mi mujer y a mí de un capítulo de su libro "Historias con Vida, AMIA 15 años", que tanto bien nos ha hecho a ambos. A la memoria del suegro que no conocí, al abuelo que mis hijos/as del futuro jamás llegarán a ver en persona, pero que está y estará presente, Gregorio "Héshele" Melman.....



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