Ayer, desde mi posición, pude comprobar lo triste que puede verse este mundo, no del fútbol, sino de la idolatría pasmada y pasmosa de gente que se adorna de forma ridícula con pancartas que valen más que una camiseta para pedirla, de carteles mostrados por hombretones muy serios con contenidos de primaria. De todo lo que rodea a este mundo que es alimentado por prensa tan ridícula como los carteles, que no informan, que no opinan, que simplemente defienden a capa y espada a ese equipo,
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