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Sala de Prensa

28-F: Día de la tierra verde y blanca.

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por - 27/02/2011 a las 23:46 (3138 Visitas)
Todo comenzó a pudrirse tal día como el de hoy hace cuatro años. Aunque desde ciertas partes del cuerpo bético ya llegaba el hedor de lo corrompido, fue durante un Día de Andalucía cuando quedó meridianamente claro que no había vuelta atrás. De aquella noche de octubre ante el Coruña cuando Heliópolis rompió por primera vez a corearle al infausto personaje el luego famoso ¡vete ya! hasta aquella otra donde el mismo tipo, cobardemente parapetado en sus horteras posesiones sobre el mismo suelo, dice, que lo vió nacer, decidió orinarse o defecarse sobre aquello que había jurado querer más que a su propia vida. No cabe en cabeza humana mayor desprecio hacia unos colores, hacia un escudo, hacia una bandera que colocarla como un simple tapete donde reposar ese infausto bronce que creyó lo perpetuaría y que, si embargo, hizo el efecto de caballo de Troya, y es que fue por ahí por donde empezaron a colársele todo tipo de contratiempos, enemigos, y en definitiva, ese veneno tantas veces inoculado que a partir de entonces lo convertiría en víctima de sí mismo, la serpiente mordiéndose su propia cola.

Han pasado cuatro años donde la putrefacción iba alcanzando cotas inasumibles mientras el cuerpo de la víctima, extrañamente, no acaba por doblar del todo la cerviz. Ni el más reputado de los médicos hubiera podido explicar con razones científicas cómo, tras tanto castigo, tras tanto veneno, algo dentro de ese cuerpo ajado impedía la rendición. Año a año la dosis suministrada iba in crescendo pero, a mayor castigo, mayor era la reacción del enfermo, cada vez más dispuesto a romper con las cadenas que parecían condenarlo a la sumisión perpetua. Se sucedieron las felonías, algunas alcanzando cotas superlativas que ni la mente del rival más rival de entre todos los rivales hubiera querido pergeñar en el más cínico de sus sueños. Pero ni por esas. Y es que el mísero y su cohorte no encontraban manera de lograr el triunfo que persigue todo aquel que, a lo largo de la historia, ha enfermado de sí mismo: la sumisión del todo a la parte, el control absoluto, la rendición.

Han pasado cuarto años, decía, y la víctima ha sobrevivido incluso al más certero de los ataques. Ni siquiera la contratación de un nuevo verdugo, hecho a imagen y semejanza del dueño del cadalso, pudo dar al traste con la centenaria vida de una institución acostumbrada, porque no le ha quedado jamás otra, a sobreponerse a todo, a los durísimos golpes ajenos y a aquellos otros más graves aún, los que le han asaeteado por las espalda, a traición, quienes se travistieron con los ropajes verdiblancos en la confianza de poder acertar con el tiro de gracia: el Betis soy yo, yo soy el Betis.

Recuerdo que aquella jornada donde todo empezó a pudrirse amaneció con una solemne distinción sobre el pecho, falsamente henchido, de quien horas más tarde eligió la soberbia antes que el respeto a esos colores, a ese escudo, a esa bandera. Aquel 28-F un Betis impostor fue inducido a preferir la loa al busto del falso caudillo en lugar del respeto por la condecoración que lo señalaba como orgullo de su tierra, esa Andalucía a la que prestó los colores de su propia alma, de su bandera, para que bajo ella se cobijaran gentes tan dispersas como las que van de Ayamonte a Pulpí, de Algeciras a La Carolina.

Por ello hoy proclamo que me gustaría que aquel nombramiento fuese revocado para volver a concederse a esta institución que ha demostrado a los suyos, a su propia tierra, como hay vida más allá de la sumisión, desterrando el arquetipo del andaluz cortijero, feliz con besar la mano del engominado señorito que le da de comer. Hoy, 28 de Febrero de 2011, es cuando los béticos han merecido tanto como el que más esa medalla que hace cuatro años recogieron quienes horas después -con la siempre inquietante presencia del eterno, concediéndole torpemente el papel de altavoz de miserias ajenas- perpetraron la mayor ignominia que vieron los tiempos. Sustituyan andaluces por béticos en la letra del himno de esta tierra verde y blanca, bética porque los romanos ya lo quisieron, y no me digan que no les encaja en la historia…

Comentarios

  1. Avatar de Mazinger Z
    Fenomenales párrafos, Juan, que relatan verdades como templos. Enhorabuena !!
  2. Avatar de Pelusa97
    :aplauso::aplauso::aplauso::aplauso::aplauso::aplauso: