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Sala de Prensa

Despedida agridulce

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por - 16/01/2017 a las 08:27 (996 Visitas)
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ID: 47107Con derrota. Así dijo adiós el Betis al Vicente Calderón, el estadio en el que tocó la gloria con las manos en las finales de Copa de 1977 y 2005, pero donde se resistió una vez más la posibilidad de que el equipo por fin despegue fuera de casa.

De nuevo, los verdiblancos volvieron a casa de vacío, incluso después de ofrecer mejores sensaciones que en sus tres anteriores desplazamientos (dos de Liga y uno de Copa). Esta vez, los heliopolitanos supieron rehacerse tras un mal inicio y, lejos de bajar los brazos, supieron cercar a un Atlético al que, no obstante, no lograron hacerle gol.

El Betis mereció más, sobre todo ante un rival que está lejos de su mejor versión, pero no encontró el modo de superar a Moyá. Progresa adecuadamente, dirigido con maestría por parte de un Ceballos que crece a pasos agigantados y cuyas espaldas empieza a cubrir acertadamente un Jonas que comienza a dar señales de vida. Pero todavía no resulta suficiente.

Generó ocasiones, aunque faltó profundidad y claridad en el momento decisivo. Y eso, como dijo Víctor Sánchez del Amo en sala de prensa, penaliza, y de qué manera, en Primera. Especialmente cuando impide que los buenos números en casa puedan ser extrapolables también a cuando se juega fuera. Porque así, pensar en algo más que la permanencia es poco menos que imposible.

Queda el consuelo de que aún resta media Liga por delante y que, aunque tímidamente, se percibe una evolución en el equipo, que, por otra parte, sigue manteniendo una cómoda renta con respecto al descenso. Pero para soñar con dar el estirón urge no deshacer en otras latitudes los pasos adelante que se dan en el Villamarín.

Porque pese a que el calendario sea benévolo y regale al Betis dos partidos consecutivos en el coliseo de La Palmera (uno asequible frente al Sporting y otro para buscar la machada contra todo un Barcelona), a nadie se le escapa que para salir al fin de la mediocridad hay que dar por fin el do de pecho a domicilio.

Conseguirlo pasa ineludiblemente por repetir los aspectos positivos que se pudieron ver a orillas del Manzanares, pero también por pulir, de una vez por todas, los errores que impidieron que el adiós al Vicente Calderón se pudiese dar por todo lo alto, con una sonrisa de oreja a oreja que no sólo viniese provocada por recordar a los héroes de 1977 y 2005, sino también por una victoria como visitante que por más que se espera nunca llega.

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