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Sala de Prensa

La enfermedad de un paciente llamado Betis

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por - 25/02/2014 a las 14:00 (2051 Visitas)
La puerta principal del estadio Benito Villamarín engalanada para la Europa LeagueSentado en mi localidad, antes del encuentro frente al Rubin Kazan del pasado jueves, asisto a una interesante conversación entre padre e hijo.

Intrigado por lo curioso de la situación y del rumbo que toma el debate familiar, centro mi atención hacía ellos y el resultado de la charla es el que sigue:

Padre: Hijo, que te lo digo yo, que el hundimiento del Betis, no se explica afirmando que fue culpa de unos cuantos directivos y técnicos equivocados, que no supieron renovar una plantilla que terminó siendo un conjunto adicto al fracaso. El problema del Betis es consecuencia de que está enfermo y que la enfermedad que padece ha terminado afectando a casi todos los estamentos del club, incluso a la misma afición.

Hijo: Eso que dices es muy grave Papa. ¿Hasta la afición está enferma?

Padre: Yo creo que sí. La enfermedad comenzó cuando admitió sin rechistar que un negligente como Lopera fuera su líder. Lopera no sólo fue admitido como líder del beticismo, sino que fue "adorado" por buena parte de la masa social del club y mantenido en el poder durante demasiado tiempo, el necesario para que naciera el "Loperismo", una nueva enfermedad grave y destructiva.

Hijo: Papa, ¿no eres un poco exagerado? ¿Tan dañino ha sido Lopera para nuestro club?

Padre: No, no soy extremista. El loperismo ha sido y es una enfermedad grave y progresiva que destruye los valores y que impregna al tejido bético de egoísmo, intrigas, populismo y confusión. En esencia, el loperismo, como toda corrupción, antepone los intereses propios a los del club, de manera que los infectados, muchas veces sin saberlo, corroen a la entidad y la debilitan con sus decisiones. El loperismo representó para el Betis una letal sobredosis de catetismo, incultura, culto al ridículo y corrupción, un cóctel dramático que, adobado con cierto gracejo andaluz, penetró y contaminó hasta el tuétano del club.

Hijo: Tienes razón, Papa. En la Universidad estudiamos que los filósofos decían que cuando uno combate durante mucho tiempo con un enemigo poderoso, termina pareciéndose a él. Puede que eso es lo que ha ocurrido con el Betis, que hasta los enemigos de Lopera han terminado pareciéndose al dictador de la calle Jabugo.

Padre: Vas cogiendo la idea, hijo. Eso explicaría muchas cosas, como por ejemplo que los que se habían sentido desplazados por Lopera, se subieran encima del fracaso deportivo y económico del "amo" del Betis para expulsarlo, con la ayuda de los tribunales de Justicia. Y ese Betis, hijo, en apariencia, enderezaba su camino bajo la tutela judicial y con gente nueva y no contaminada. Llegó entonces el administrador judicial Bosh y el actual consejo que comenzaron haciendo las cosas bien, administrando honradamente y adoptando decisiones empresariales razonables.

Hijo: Y si todo iba bien, ¿qué ha pasado para que estemos así otra vez?

Padre: Pues hijo ha pasado que aquel consejo era un cuerpo extraño al club, nombrado por una jueza, formado por algunos profesionales que ni siquiera eran béticos y empezó a sentirse rodeado y hostigado por las plataformas y grupos del beticismo organizado, siempre deseoso de controlar el club de sus amores. Los adversarios esperaban que los nuevos administradores, como ocurrió con Lopera, cometieran un grave error para arrojarse sobre la presa y destrozarlos.

Hijo: Y ese error fue no planificar como Dios manda la presente temporada?

Padre: Pero qué listo eres hijo, te pareces a tu padre!!!!!!!!! Pues sí ese error fue colectivo (Bosch, Consejo en pleno, Stosic y Mel) y cuando el club se colocó en la cola de la clasificación y acumulaba derrotas, la enfermedad terminó infectando a la cúspide, que perdió los papeles, se sintió aterrorizada ante la rebelión de los béticos y del populacho enfurecido, cometiendo un error tras otro y tomando decisiones nefastas para el club.

Hijo: Entonces, por lo que dices, ¿siempre se repite la historia en este club?

Padre: Sí, hijo, sí. Detrás del fracaso del Betis está su enfermedad más grave, la división, la ambición de algunos béticos, la escasa exigencia de calidad en los equipos directivos y profesionales, el oscurantismo, el miedo a la transparencia y a la democracia interna, el catetismo, la manipulación de las masas, la confusión, el escaso nivel profesional y, por encima de todo, el bajo nivel de grandeza, la tendencia a "adorar" a imbéciles sin otro mérito que saber conspirar y tener carné, una enfermedad compleja que se manifiesta en demasiada gente bética que antepone sus intereses a los del club al que dicen amar.

Fue entonces cuando sonó el himno del Betis, saltaron los jugadores al campo y comenzó el partido de Europa League. Pero la conversación no dejó de dar vueltas en mi cabeza.

*Este artículo recoge una conversación ficticia, pero creo que muchos béticos piensan que esto es realmente lo que le ocurre a un club centenario que tiene delante de sí otro gran reto: seguir existiendo pese a algunos béticos y a esa enfermedad que sufre históricamente. Aunque ahora es como nombrar al mismísimo Diablo, sigo estando absolutamente de acuerdo con Bosch y su famosa frase: salvar al Betis de los béticos.

J.J. Barquín

Comentarios

  1. Avatar de spongebob
    Totalmente de acuerdo con el escrito, sobretodo con la última sentencia del padre.