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Sala de Prensa

‘ManquePoyet’

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por - 22/10/2016 a las 19:56 (985 Visitas)
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ID: 45509El Betis estaba obligado a ganar en El Sadar y así lo hizo, doblegando sobre la bocina a un Osasuna que pasa por ser uno de los equipos más débiles de la categoría. Un triunfo que permite tomar aire a los verdiblancos, que recibirán fuera del descenso al Espanyol en su siguiente ‘final’ de la temporada, pero que no sirve para enmascarar las carencias de un proyecto que continúa haciendo aguas.

Sobre todo en el banquillo, porque a cada jornada que pasa se ve más claro que el cargo le viene grande a Gustavo Poyet. En Pamplona quiso demostrar su categoría como entrenador tomando decisiones que, no obstante, tampoco sirvieron para hacer reaccionar a la escuadra de las trece barras. Cambió el sistema y dejó en el banquillo a intocables como Rubén Castro, pero los heliopolitanos continuaron sin saber a qué juegan, encomendados a las individualidades.

Su éxito dependió de las ganas de un Joaquín que sigue tirando del carro con unas espaldas tan anchas como las trece barras del escudo. Se mueve por todos sitios, lucha en ataque y se presta en las ayudas en defensa. Abrió el marcador con un golazo y siempre dio la cara. Igual que un Petros que fue todo un derroche de intensidad y un Felipe Gutiérrez que apareció cuando tenía que hacerlo (salvó un tanto bajo palos y firmó el de la victoria en el último suspiro).

Más allá de eso, todos los méritos verdiblancos fueron deméritos de un Osasuna que lo intentó aunque no dé para más y que encontró en su portero, Nauzet, el mayor peligro rival. Los navarros son serios candidatos al descenso y, pese a ello, tuvieron contra las cuerdas durante algunos minutos a un Betis llamado a conseguir logros mayores.

Un fiel reflejo de que este conjunto heliopolitano que quería acostumbrarse a las alturas todavía está lejos de poder conseguirlo. Pasan las jornadas y cada vez se le ve más perdido. Hay mimbres para mucho más, como lo demuestran sus individualidades, capaces de resolver partidos, pero continúa fallando quien gestiona el vestuario.

Sólo así puede entenderse que Piccini, pese a salir en las fotografías de todos los goles en contra, siga siendo titular indiscutible, o que con un 1-1 y necesitado de victorias aplazase hasta el 83’ la entrada de Rubén Castro (al que está empecinado en utilizar fuera de su sitio) y Álex Alegría. Se empeña en negar lo evidente y, para colmo, se pierde en guerras absurdas en sala de prensa. Las últimas, apuntando hacia la afición y los periodistas.

En su discurso brilla por la ausencia la autocrítica, pese a ser necesaria. Ve fantasmas en todos sitios e, inconscientemente, se coloca cada vez más en el disparadero. No tiene sintonía con la afición y apenas se puede agarrar a que el equipo ganó en Navarra para usarlo como argumento a su favor. Aunque el calendario trae otra ‘final’ bajo el brazo para la próxima semana.

Contra el Espanyol, el charrúa volverá a someterse a un nuevo examen. Para estar a la altura de lo que se esperaba del nuevo proyecto, la escuadra de las trece barras no sólo debe vencer, sino también convencer. Importan los puntos, por supuesto, pero también urge devolver la ilusión y la confianza a un beticismo que se ha vuelto escéptico.

No siempre sale bien jugar a la ruleta rusa ni en cada jornada habrá un Osasuna delante del que poder aprovecharse. Se debe mejorar cuanto antes para afrontar el futuro con garantías, porque no todo puede reducirse a cruzar los dedos y esperar que sonría la fortuna a una escuadra de las trece barras que sigue sin cambiar su ambicioso discurso ‘ManquePoyet’.

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