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Sala de Prensa

Rozando lo imposible

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por - 13/03/2017 a las 19:53 (602 Visitas)
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ID: 48953En el Bernabéu, el Betis compitió como nunca y perdió como casi siempre. Se dejó la piel sobre el césped, supo a lo que jugaba y plantó cara a un Real Madrid que entre unos y otros va a ser campeón de Liga, ya sea por lo civil o por lo criminal. Porque a la innegable calidad de su plantilla hay que unirle favores arbitrales tan sonrojantes como los de Mateu Lahoz la pasada jornada.

No en vano, resulta indefendible que le perdonase la expulsión a Keylor Navas, que cometió una clarísima falta al borde del área sobre Brasanac, evitando así que éste pudiese anotar el 0-1 cuando encaraba portería solo como la una. Si todo hubiese sucedido en la otra punta del campo, seguro que la jugada se habría sancionado.

Y lo mismo habría sucedido con un clamoroso penalti de Carvajal sobre Sanabria en el que Mateu hizo una particular y laxa interpretación de lo que es una carga legal. Es más, si hubiese aplicado el mismo reglamento que con Piccini, al que expulsó por doble amarilla, Marcelo tampoco debió acabar el partido. Pero como el brasileño viste de blanco y no las trece barras...

De este modo, y aunque la prensa capitalina vuelva a elevar a los altares a Sergio Ramos, el gran artífice del triunfo merengue fue el del silbato, quien, pese a todo, estuvo a punto de llevarse un disgusto en el último segundo, cuando Sanabria rozó el empate con un testarazo al que llegó 'in extremis' Navas con un auténtico paradón.

Un fiel reflejo de que el Betis, aun teniendo el viento soplando en contra, jamás se rindió. Supo superar el miedo escénico que provoca siempre visitar el Bernabéu, dejó los complejos a un lado y se fue a por el partido, metiendo miedo, primero, al vigente campeón de Europa y, después, poniéndose por delante en el marcador. Lástima que el enésimo fallo defensivo sirviese el empate en bandeja de plata a Cristiano.

Sea como fuere, los verdiblancos no se achantaron después del receso y siguieron buscando con ahínco la meta rival. Ni siquiera la expulsión de Piccini ni el 2-1 pararon el ímpetu heliopolitano, que a punto estuvo de cristalizar al final en un empate que habría sido más que merecido.

De hecho, con un árbitro diferente quizás se podría estar celebrando un triunfo casi 19 años después en el Bernabéu. Pero claro, estaba en juego sentenciar la Liga y la maquinaria de Tebas no podía permitir que volasen puntos de Chamartín. Pero no se preocupen, que dentro de un par de días volverán a la cantinela de que la lucha por el título sigue abierta para intentar entretenernos...

Mientras, la prensa capitalina mirará para otro lado, obviando que este Betis que no tiene a Messi en su plantilla estuvo a un paso de tumbar a todo un Real Madrid que jugó con 12. Ojalá tome nota de ello Víctor Sánchez del Amo, cayendo en la cuenta de que cuando no llena el once inicial de defensas y el equipo cree en sí mismo es capaz de plantar cara a cualquiera.

Tanto es así que en el Bernabéu se olvidó del vértigo y los complejos, mirando a los ojos a todo un gigante del fútbol mundial al que tuvo contra las cuerdas por momentos. Si quiere, puede. Si no, no habría rozado en Madrid con la punta de los dedos algo que parecía casi imposible.

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