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Sala de Prensa

Soñando con volar

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por - 09/01/2017 a las 10:07 (872 Visitas)
Aficionados del Real Betis durante el partido de los verdiblancos contra el Leganés en el Benito VillamarínEl Betis cumplió en su debut liguero en este recién estrenado 2017. Ganó al Leganés, se acercó un poco más a esa parte de la tabla en la que aspiraba a estar a principios de temporada y, además, ha puesto más tierra de por medio en relación a una zona de descenso que nadie quiere ver ni en pintura.

En la misma línea, Rubén Castro sigue viendo portería con la misma facilidad de siempre, al tiempo que Ceballos continúa dando muestras de que por fin quiere que éste sea su año. Incluso, Durmisi y Álex Alegría parecen recuperados para la causa, arrojando algo más de luz en un vestuario en el que entre lesiones, sanciones, selecciones y falta de fichajes cada vez hay menos fondo de armario del que poder tirar.

El Villamarín no pierde su condición de fortín desde la llegada de Víctor Sánchez del Amo. Los verdiblancos aún no han caído en su estadio con el madrileño al frente de su banquillo. Se han acostumbrado a sumar y a revitalizar cada 15 días una ilusión que, desafortunadamente, no termina de desplegar por completo sus alas cuando se juega a domicilio.

De momento, sólo ese detalle priva a la afición de pensar que esta vez todo será distinto, que por fin se puede soñar de nuevo con las alturas clasificatorias.

Afortunadamente, el calendario sirve en bandeja de plata otra oportunidad de oro para dar de una vez por todas ese golpe en la mesa que tanto se echa en falta. Y, además, coincidiendo con la última visita a un Vicente Calderón que figura por derecho propio en el olimpo del beticismo.

Allí, frente a un Atlético que parece menos fiero que de costumbre, los heliopolitanos buscarán confirmar que sus buenas sensaciones como local son también extrapolables a otras latitudes. Porque para mirar la tabla de la mitad hacia arriba no basta únicamente con hacerlo bien en La Palmera, sino también a kilómetros de distancia.

No existe otra senda para regresar a las alturas o hacer realidad ese tan cacareado estirón que nunca llega. La teoría está más que clara. El problema es que está costando un mundo ponerla por fin en práctica, algo que lleva meses resistiéndosele a este Betis que quiere hacer realidad eso de 'año nuevo, vida nueva', recuperando por completo ese optimismo que tan difícil es despertar de nuevo en la grada.

Una vez más, se ha dado el primer paso, aunque todo el mundo sabe que serán necesarios muchos más para hacer camino y, lo que es más, cumplir con esas promesas que iban camino de convertirse de nuevo en papel mojado. El horizonte dibuja en lontananza dos finales posibles: uno ya conocido salpicado de decepciones y que presagia revoluciones cuya utilidad siempre queda en entredicho; el otro, acorde con todo aquello que se fijó como meta en verano, dejando a un lado el vértigo y los complejos para devolver al primer plano las ganas de creer.

La distancia entre uno y otro dependerá de lo que ocurra en las 21 jornadas que restan por disputarse, en las que ya no valdrá dar el paso adelante para tropezar justo después. Urge ir cogiendo velocidad de crucero cuanto antes, porque sólo así se podrá estar a la altura de las expectativas de un beticismo que nunca ha perdido las ganas de volar.

J. Julián Fernández

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