¿En qué quedamos?
por - 15/09/2010 a las 08:54 (3363 Visitas)
Resulta curioso observar cómo desde determinadas posiciones mediáticas existe una corriente para tratar de hacer ver a los béticos el lado menos oscuro de Luis Oliver, ese milagro del derecho mercantil, capaz de gobernar una sociedad con un capital social de más de 7 millones de euros ostentando la representación de apenas 600…
Digo que me resulta curioso, más bien sospechoso, el interés de un sector de opinión de esta ciudad, dispuesto a intentar que los béticos se den por satisfechos por la actual marcha deportiva del club, que no olvidemos, está en Segunda y a años-luz de lo que debiera haber sido a poco que las cosas se hubieran llevado a cabo por gente normal, y no por la panda de aduladores e incapaces de la que se rodeó el padrino de alternativa verde y blanca del actual matador, ese navarro que a poco que le quede margen le puede dar la puntilla a una institución a la que, ciertamente, los susodichos opinantes desean ver cada vez más lejos de lo que debiera ser su lógico potencial.
Cierto es, y sería de necios negarlo, que algunas, muchas de las decisiones tomadas por Oliver y ¿su equipo? están redundado en el beneficio deportivo del club, al menos de momento, pero, ¿no hubieran hecho lo mismo, incluso más, cualquier persona en sus cabales y con un mínimo conocimiento de cómo se hacían las cosas al final de la Palmera (o más bien, al principio de Jabugo)? Le pongo un ejemplo: usted se hace cargo de la gestión de un restaurante donde el cocinero escupe en la sopa y los camareros llegan tarde a trabajar; ¿cuál sería la primera medida a adoptar? ¿Habría, por tanto, que loar la lógica? Como si Oliver hubiese realizado un milagro…
Qué curioso que todo esto salga de las mentes que, apenas unos meses atrás, se conjuraban para descabalgar a cierto entrenador que tenía a su equipo metido en una final de copa y entre los cuatro primeros del campeonato, cosa que no resultaba de lo más habitual por mucho que los últimos tiempos resultaran ciertamente exitosos por aquellos lares. No todo era ganar, no, hombre, había que ser más exigentes…
Esa doble moral por la que el resultado deportivo lo vale todo, o no, según sea el caso, atenta contra la inteligencia del beticismo. Pensar que ganar tres partidos puede desviar la atención del bético cabal, aquel al que le importa tanto su club como lo que hagan los once que se visten de verde y blanco cada fin de semana, es tener a los aficionados verdiblancos en muy baja estima… o mucho interés en que todo siga igual. Allá ellos. Si viviendo tan bajo el Real Betis Balompié sigue despertando esos temores, no me quiero ni imaginar qué puede pasar por esas calenturientas mentes cuando las cosas vuelvan a ser como casi siempre han sido. Tiempo al tiempo. Ya queda menos.



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