¿Y ahora qué, Guillén?
por - 05/12/2011 a las 14:56 (1012 Visitas)
Muchos nos temíamos que la visita al Reyno de Navarra se iba a saldar con una nueva derrota verdiblanca. Los de Mel, tras una primera parte infame con cinco defensas, reaccionaron y merecieron la remontada, pero una vez más la suerte se alió con el rival y apareció de la manera más cruel posible, con un gol en el tiempo de prolongación y un balance de un punto sobre treinta que resulta absolutamente insostenible.
El pitido final no sólo confirmó que el Betis había perdido el punto que le dio el gol de Rubén Castro, sino, lo que es peor, que en plena crisis de juego y resultados ha dejado escapar una nueva semana. Y eso es lo más sangrante de todo, porque las urgencias y el nerviosismo ya empiezan a campar a sus anchas por los graderíos del Benito Villamarín y, salvando pequeños detalles, quienes tienen que moverse no hacen nada.
Sí lo hizo el míster, con un planteamiento distinto de inicio pero que a todas luces resultaba descabellado. Un equipo que necesita puntuar más que respirar no puede salir a encerrarse atrás, sobre todo cuando no sabe jugar así. De hecho, los cambios de la segunda parte dejaron claro el error de Mel, pero también que a la falta de puntería arriba y la candidez en la zaga deberían darles ficha, porque se han hecho con un puesto de titulares indiscutibles.
El propio entrenador admitió que no puede hacer más, consciente de que está más que sentenciado por los resultados y por una directiva que, aunque de puertas para afuera dice confiar ciegamente en él, sólo lo respalda porque el mercado no ofrece ningún recambio mejor. Y eso que muchos han dado por hecho que Míchel ya tenía hechas las maletas y los billetes del AVE preparados para llegar a Heliópolis esta misma semana.
Aunque aquí la vida sigue como si nada, con la única novedad de que se abre la opción de acudir a un mercado de invierno que casi nunca sirve como solución, mientras el equipo pide un cambio a gritos y en la tabla se desangra. Los problemas de verdad han llegado y en la planta noble del Villamarín se mantiene una calma tensa tan duradera como absurda, sobre todo en un momento en el que quienes mandan deben demostrar de una vez por todas que saben de qué va esto del fútbol.
Porque se puede apelar a la mala suerte, a la brujería o a mil explicaciones más para no asumir responsabilidades, pero ha llegado el momento de dar el pasito adelante y ganarse de verdad el sueldo. De nada sirve continuar con esta huida hacia delante que, a largo plazo, sólo puede conducir a Segunda. Es la hora de coger el toro por los cuernos y forzar un cambio que sirva de revulsivo para un vestuario que vive en un continuo quiero y no puedo.
Mel ya ha hecho cuanto ha podido. Incluso, estaría dispuesto a dar un poquito más. Pero le toca mover ficha a los de arriba, a las cabezas pensantes de este Betis que no encuentra la forma de reaccionar. Después de sólo un empate en diez jornadas y con una renta de apenas un punto con respecto al descenso, alguien debe alzar la voz y parar de una vez esto. En el banquillo y sobre el césped ya han hablado. Es su turno, ¿y ahora qué, Guillén?
J. Julián Fernández


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