El eslabón más fuerte. RC Celta – Real Betis

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En los deportes de equipo, tras cada derrota deportiva, se suele desatar una corriente de “opinión” encaminada “buscar y señalar” a la persona culpable para, de ser posible, descargar sobre ella todo el peso de la desgracia.

Es algo que se ha normalizado y que, tal vez, genera en el acusador implacable un áurea de sapiencia y esplendor al encontrar la causa exacta de la desgracia: el eslabón débil. Es lo sencillo: Concentrar el análisis de un partido en esa acción puntual sin calibrar si quiera lo que ocurrió en los otros 89 minutos de encuentro, sacando un momento del contexto global del juego. Señalar al débil para apartarlo, para que no vuelva a jugar, para que aprenda… añadiendo toda la presión a una persona que puede llegar a fragmentarse.

Se suele expresar en diversos ámbitos que la resistencia y fortaleza de un equipo, al igual que la de una cadena, es la que tenga su jugador/eslabón más débil. Según esta afirmación, sería irrelevante si casi todos los jugadores/eslabones son tremendamente sólidos y resistentes en su juego, si dentro de la cadena existe uno solo endeble y sin la resistencia del resto de compañeros. Las cadenas se rompen siempre por el eslabón menos resistente. Si fuese así de fácil, bastaría con ir eliminando trozos de cadena ante la menor debilidad. Lo que ocurriría es que, con esta mentalidad, siempre habrá un componente más endeble, quedándonos finalmente sin equipo/cadena. Tal vez pueda ser un buen momento para pensar que, en lugar de eliminar al que tiene un problema, debemos hacer todo lo necesario para ayudarle.

No pensemos que un eslabón débil es solo aquél que ha fallado. Puede ser aquél que se ha lesionado y se siente solo; aquel que no juega y se siente ineficaz; aquel que no encuentra su rol y empieza a remar en otra dirección o aquel que necesita un abrazo sincero, sin más.

Los conjuntos verdaderamente fuertes, los que superan cualquier adversidad, son aquellos que, en lugar de señalar al eslabón frágil, lo protegen, ayudan y acompañan en el camino de la exigencia que conlleva adquirir experiencia y fortaleza. En lugar de olvidar al lesionado, le dedican goles y sacan camisetas. No hablan de tú partido, hablan de nuestro partido. No señalan, protegen. Adquieren la mentalidad de que, para ellos, NO hay eslabones, solo hay una gran CADENA.

Los líderes genuinos son aquellos que reparten la presión de manera equitativa entre todos los eslabones de su cadena para evitar que alguno se desmorone. Aplicar la meritocracia para que todos se sientan partícipes si trabajan, se esfuerzan y no se rinden ante las dificultades.

Es ahí donde se ve la categoría de un grupo humano: no permitiendo que existan eslabones débiles porque el eslabón más fuerte es la propia cadena, no permitiendo que nadie se sienta como un fragmento frágil, porque el colectivo es la fuerza. No permitiendo que nadie exprese que hay equipo titular y equipo suplente, clase A y clase B, jugadores imprescindibles, jugadores de relleno…  el éxito es conseguir que el grupo piense como uno solo, siendo todos igual de importantes y de fuertes, siendo rígidos y moldeables de ser necesario, cuidando los detalles diarios y sobre todo teniendo claro que, ante lesiones, fallos, aciertos, éxitos o lágrimas:  No se deja a nadie atrás.

Jesús Botello

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