Recontracrónica. Julio y Sergio

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Hace algunos años tuve el honor de sentarme a tomar un café con Julio Cardeñosa. Le estaba entregando los datos para el homenaje que le iban a hacer los béticos catalanes allá en la novena provincia.
Ni que decir tiene que estar allí para mí, que soy tímido, era al mismo tiempo una maravilla y un suplicio, pues tenía esa oportunidad única y estaba deseando escapar. Era estar con el ídolo de mi infancia, con uno de los jugadores más importantes de la historia del Betis y difícilmente articulaba nada sensato.
 
Pero Julio estuvo muy amable y se le notaba que sabía lidiar con béticos como yo.
 
Fue ya hace años, pero lo recuerdo como si fuera ayer, igual que fue hace muy poco cuando otro jugador que será considerado a la altura de Cardeñosa ha tenido que sacar un comunicado para explicarnos lo que es obvio. Ese jugador nos ha demostrado beticismo, vive al lado del campo, juega como los ángeles, se echa el equipo a la espalda y como imagen del beticismo es absolutamente brillante.
 
Ahora sé que si hubiese que repetir aquel café con Julio, a quien imaginaría a su lado es a Sergio, y eso que todavía es un jugador en activo. Pero también es un jugador que al día siguiente del partido en el que vea que no da más con el Betis dejará el campo como lo hizo en la primera expulsión de su carrera, una expulsión más que injusta, de manera callada, sin quejarse ni alzar la voz. Pero una expulsión que fue un castigo al Betis, dejándolo fuera contra el Atlético, algo que daba demasiada ventaja al equipo más atragantable de la primera división.
 
Pero me quedo con lo bueno, tenemos la gran suerte de haber disfrutado de Julio, y de tener a Sergio.