Licencia para soñar

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El Betis puso el sábado el punto final a la pretemporada con la consecución del Trofeo Carranza. La exigencia de cara a esta temporada por la vuelta a Europa ha provocado que la presión tanto para el entrenador como para la dirección deportiva creciera exponencialmente. Una gran oportunidad para asentarse de una vez por todas en la zona noble de la mejor liga del mundo.

Una planificación con escuadra y cartabón

Serra Ferrer adelantó mucho trabajo antes del verano. Antes de que se abriera el mercado de fichajes veraniego, el vicepresidente deportivo ya había acometido tres grandes refuerzos a coste cero que mejoraban el fondo de armario bético. Pau López, Sergio Canales y Takashi Inui incidían en la idea de incorporar a jugadores que necesitaran un período de adaptación mínimo y cuyo rendimiento en nuestra liga estuviese garantizado. Los tres encajaban también en la idea de Setién: Pau por su buen juego de pies y su juventud, Canales por su buen juego entre líneas e Inui por su verticalidad.

Eso sí, las bajas que tuvo que acometer el Betis fueron de todo menos intrascendentes. Las salidas de Adán, Rubén Castro y Fabián significaron la marcha de los mejores jugadores béticos de siete de las últimas ocho temporadas. El guardameta no se sintió valorado con el fichaje de un nuevo guardameta y prefirió emprender otra aventura, mientras que el histórico delantero ya no estaba a la altura a la que exigía el club.

El caso de Fabián fue mucho más complejo. El canterano se convirtió en una pieza indispensable del esquema de Setién a pesar de que empezó en un segundo plano, jugando 34 de los 40 partidos que disputó el cuadro verdiblanco durante la temporada. Esto lo puso en el escaparate mundial, pero fue el Nápoles quien desembolsó los 30 millones de su cláusula, convirtiéndolo en la mayor venta en la historia del club pero también en la baja más lamentada tanto por el entrenador como por la afición.

Con esta inyección económica, Serra preparó un golpe de efecto muy sonado. William Carvalho, jugador reconocido a nivel mundial, vino para paliar el problema del pivote que tantos quebraderos de cabeza dio al técnico cántabro la pasada temporada. El físico y el despliegue del portugués ayudará a equilibrar al equipo y evitar que se rompa en las transiciones.

Joel y Sidnei han sido los últimos en llegar para completar la nómina en la portería y en la línea de centrales. Ahora le toca al vicepresidente deportivo rematar esta planificación con un lateral para sustituir a Durmisi y un medio o un extremo para completar una temporada exigente con tres competiciones.

El perfeccionamiento de un estilo

La pretemporada de la temporada pasada fue muy complicada, ya que el cambio de estilo de juego fue total. Por eso, hasta el final de la misma no se empezaron a ver los primeros brotes verdes de una filosofía que terminaría implantando con éxito en Heliópolis. El trabajo en esta pretemporada ha sido mucho más sencillo, ya que el grueso de la plantilla se ha mantenido y los conceptos estaban muy asimilados.

Los nuevos fichajes han ampliado los perfiles y registros con los que cuenta Setién para esta temporada, aunque el técnico santanderino parece haber optado por mantener el sistema de tres centrales, dos carrileros y dos hombres en punta (aunque sólo uno de ellos delantero) que tan buenos resultados dio la pasada temporada.

El inicio de la pretemporada fue algo dubitativo, en el que al equipo le costaba crear oportunidades y la zaga aún no estaba del todo asentada, pero poco a poco empezó a desplegar todo su fútbol acompañándolo con resultados. Ocho victorias, tres empates y una derrota, con 24 goles a favor y 11 en contra, ante equipos de nivel en la mayoría de casos y que ha disparado la ilusión en la siempre fiel afición bética.

En los goles de esta pretemporada se ven los recursos y las armas ofensivas que ha trabajado Setién, desde los múltiples goles tras internada por ambas bandas (ante Las Palmas o Rot-Weiss Essen), los goles tras pase filtrado desde el centro (como ante el Bournemouth o Frosinone) o incluso los desplazamientos en largo desde la defensa (Huddersfield o Bournemouth). Eso sí, sin perder nunca la esencia del juego de toque y de posición.

Nombres propios, afortunadamente, hay muchos. Desde la capacidad goleadora de Loren o Boudebouz, la capacidad de mover al equipo de Canales, la electricidad de Joaquín, la profundidad de Barragán y Junior o la sobriedad atrás de Mandi y Bartra. Sin embargo, el conjunto siempre ha destacado sobre la rotación de piezas que siempre ha intentado llevar a cabo Setién.

Los experimentos ya se han terminado y ha llegado la hora de la verdad. El de este viernes ante el Levante es la primera piedra de un camino que terminará el 19 de mayo en el Santiago Bernabéu o, quién sabe, el 25 en la final copera o el 29 en Bakú. Lo único claro es que este Betis no se pone límites y busca dar el ansiado salto de calidad que ponga al club a la altura de una afición que ha colgado el cartel de no hay billetes en el Benito Villamarín para esta temporada.

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